La mente supuso una gran innovación para la vida. El ser humano aprendió a pensar, a hablar sin hablar y a desarrollar habilidades de todo tipo. Pero también le supuso un problema: no nos enseñaron a utilizarla apropiadamente en ningún momento. Debemos aprender por nuestra cuenta, como los pájaros aprenden a volar. El desequilibrio y mal empleo da nacimiento a lo que hemos llamado locura o malfuncionamiento, alteraciones, represiones, desviaciones, enfermedades, obsesiones, identidades, engaños.
Es la gran apuesta de la vida. ¿Pero qué apuesta exactamente? ¿Para qué querría la vida la autoconsciencia y la capacidad de aprender y memorizar?
Soy estudiante de teleco, y podría equiparar la autoconsciencia como un sistema realimentado. Y hay una implicación muy básica en los sistemas realimentados: presentan mucho ruido. El riesgo es fácilmente intuible, lo experimentamos en primera persona. Es la problemática innata del ser humano. Pero yo creo poder ver cuál es el resultado de la gran apuesta: como todo buen sistema realimentado, emplear sus resultados para adaptar su comportamiento y obtener el resultado deseado.

La mente es una ventana, un traductor. Conecta nuestro cuerpo con nuestra experiencia y nuestro resultado. No será la primera vez que se ha demostrado que lo que pasa por nuestra mente tiene resultados sobre nuestro cuerpo: sugestión, efecto placebo, motivación, creencias… hasta eventos extremos como embarazos psicológicos o doble personalidad.
¿Para qué es esto? Lo importante es la palabra traductor. La mente suele afectarnos de forma unidireccional: generamos un pensamiento y nos afecta. Y nos dejamos llevar por él, nos obsesionamos y nos identificamos, lo hacemos parte de nosotros. Lo volvemos nosotros. Y el resultado es lo que somos hoy en día, para bien o para mal. Pero no puedes obtener un resultado deseado si, previamente, no tienes en mente cuál debe ser dicho resultado. Toda realimentación necesita una referencia para llevar a algún lado.
No somos nuestra mente, la mente es una herramienta que se nos ha otorgado, que hemos obtenido por ser humanos. Nuestro objetivo como seres vivos es sobrevivir, dejar descendencia y mejorar las cosas. Existimos para eso, y somos prescindibles si no queremos hacerlo. Pero además, contamos con la mente como herramienta, y esta herramienta nos permite crecer rápidamente gracias a dos habilidades básicas: la capacidad de aprender y la capacidad de comunicarnos.

Aprender: tenemos neuronas espejo que nos permiten aprender observando, tenemos capacidad de hacer asociaciones para aprender rápidamente a hacer diferentes cosas, y cuantas más sabemos más podemos emplearlas para aprender otras nuevas más rápidamente. Aprender habilidades motoras, lenguajes y asociaciones nuevos activa la mente y te hace más apto para la supervivencia, más polivalente, más fuerte. Tu mente está preparada para darte lo que quieras aprender de forma instantánea. Los genes han tardado miles de años en aprender lecciones. Hemos desarrollado un sistema mucho más rápido que los genes.
El miedo también es aprendizaje, aprender qué es peligroso. Pero a veces la mente se equivoca, el instinto también tiene un aprendizaje básico que te impone porque aprendió en el pasado. La mente puede estar por encima de esto y demostrar qué es o no peligroso. Tu mente tiene poder sobre tus miedos siempre que quieras enseñarle qué debe temer y qué no. La vida te dará lo que le pidas, porque esa es la función que te ha otorgado. Pero tu programación estándar estará ahí mientras no decidas meterle mano.
Comunicar: todos los animales se comunican entre sí de una forma u otra, eso no es un misterio ni una novedad. Aprender otros lenguajes está dentro de la sección aprender. Lo que a mí me interesa aquí es la comunicación con uno mismo y con el sistema. Una forma de comunicación sutil que no se nos ha enseñado y que se está tardando mucho en investigar e identificar: el hablar con tu cuerpo a través de tu mente y saber qué necesitas, qué te ocurre, qué quieres, cómo obtener lo que quieres, cómo sacar tus ideas, cómo mejorar, cómo dejar de sufrir.
Generalmente todo esto es inconsciente. El cerebro es un transductor, nos traduce lo que necesitamos en forma de sensaciones e imágenes. Nosotros somos los que le damos un significado, muchas veces erróneo, para paliar esa sensación o hacerla perpetua. Buscamos sensaciones que nos gustan y evitamos las que nos dan miedo, las que nos desagradan. Nos hemos convertido en buscadores compulsivos de sensaciones porque es lo que nos produce reacciones. Es lo que nos mueve. Pero no podemos tener siempre la misma reacción, no se puede recompensar para siempre una actitud ni se puede castigar para siempre. Evolucionamos, y parece que eso no lo hemos sabido entender.
Las sensaciones son la forma que el cuerpo tiene de decirte qué ocurre. El cuerpo te dice exactamente lo que te pasa. A veces a un nivel tan básico que no lo entendemos, porque no nos han enseñado a interiorizar a ese nivel. Complicamos nuestros problemas. Pero las cosas son sencillas, la vida es simple: queremos sobrevivir, queremos aceptación (ser importantes, destacar, ser fuertes, útiles, atractivos, deseados), queremos amor. Todas tus sensaciones partirán de ahí, porque tu función principal no es otra. Las acciones que lo consigan te darán placer, las que no te darán dolor. El objetivo de las dos sensaciones es el mismo: obligarte a moverte.

Pero la comunicación es bidireccional. Es algo que hacemos insconscientemente, generalmente para mal, aunque los que aprenden lo hacen con resultados óptimos: tu cuerpo te dará lo que te brinda, porque te escucha, tu cerebro lo traduce. Si quieres estar estresado, te dará estrés; cuando quieres odiar a alguien, le odiarás; si quieres estar enfermo, lo estarás. Porque se lo pides a un nivel que entiendes.
Y ahí reside nuestro mayor potencial y nuestro mayor riesgo: obtienes lo que pides. Lo que sea. No sabemos esto, no nos lo han enseñado, la ciencia aún no lo acepta. Pero somos seres vivos, somos parte del sistema que quiere persistir, parte de un sistema que ha desarrollado esa mente por alguna razón, y que funciona para perjudicar y lo hemos comprobado. ¿Por qué no puede funcionar para potenciar?
Podemos superar nuestros límites, porque estos son mentales. Podemos evolucionar y conseguir lo que queramos, sólo debemos escucharnos, escuchar a nuestro cuerpo, lo que nos pide, lo que nos pide la vida. Porque nos lo dice a voces, constantemente, pero nos negamos a escucharlo.
Para esto hay que simplificarse. Primero, libérate de tus miedos. Cuando no supongan una carga, enfócate en tus resultados. Porque somos aquello en lo que nos concentramos. Podemos elegir quién queremos llegar a ser. Bajo el riesgo de ser aquello que evitamos a toda cosa. Tan solo debemos cumplir las condiciones adecuadas.
Profundizar en esta perspectiva tiene muchas implicaciones. Y muchas me dan sobre lo que pensar gratamente.
La autoconsciencia existe para evolucionar más rápidamente de lo que haríamos con los genes. Esta es la gran apuesta de la vida.